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Un
libro de cuentos y ensayos sobre la realidad educativa
venezolana, abordando desde el suicidio hasta como
el personal docente está reconstruyendo en
la escuela el Retén de Catia

Los
personajes expondrán las vivencias y el humor
cotidiano

Un
acercamiento a través de la animación
a la realidad venezolana, con los conflictos comunes
a la sociedad
Los
principales cuentos infantiles de la literatura venezolana
serán llevados a la pantalla chica, en dibujos
animados.
Se
utilizó la técnica Tot-Art de coloreado en
pintura acrílica, incorporando el estilo hiperrealista
a la animación
Se
representarán los paisajes más representativos del
País

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En Venezuela
había una vez, hace mucho, pero muchos años, una selva
virgen, que todavía no había sido quemada por PDVSA,
y en esta selva vivía un tigre blanco con manchitas
rojas, que representaban su inocencia.
Un hermoso domingo, exactamente el día de la
declaración de la independencia, una pequeña niña
con una boina roja se adentró en las “peligrosas”
profundidades de la selva.
En una de las manos lleva una arepa con queso
y chicharrón y en la otra una botella de Ron Pampero. De pronto se encontró con un tigre feroz, enmontado
en el samán. Iba cubierto con un liquilique tricolor,
para que nadie pudiera descubrir sus instintos. La
Caperucita no pensó nada malo, porque sabía que todos
los animales peligrosos habían sido muertos y exiliados,
y creyó tener ante si a un dulce gatito.
-Hola
Caperucita – dijo el tigre
-¿A
dónde vas?
-Y la
Caperucita Patriótica le respondió:
-Voy a visitar a mi abuelita en su casa, que le entregó
el Plan Bolívar 2.000
-¿De verdad? – Le dijo el tigre
-Entonces llévale
un ramillete de aquellas orquídeas, antes que las
venda como paja el Ministerio del Ambiente a una transnacional.
Caperucita le hizo caso y empezó a formar un precioso
ramo de flores. El tigre, mientras tanto, se comió a la abuelita,
se puso sus ropas, colocó la Bandera Nacional en la
puerta y se metió en la cama.
Poco después
llegó Caperucita y preguntó:
-Hola
abuelita. ¿Cómo te va? – El tigre intentó imitar el
acento caraqueño, que delataba ingenuidad y dijo:
-Muy bien mija – Caperucita volvió a preguntar:
-¿Por qué hablas tan raro abuelita?
El tigre respondió – Es que los mítines que
di en la selva me cansaron mucho
-Pero abuelita, ¡Que orejas tan grandes tienes!
- Son para escuchar mejor al comandante en
televisión
-¡Y que ojos tan grandes tienes!
- Son para vigilar mejor a los corruptos
-¡ Pero abuelita qué boca tan grande tienes!
- Ya sabes que formo parte del gobierno
-¡Y mmm abuelita por qué hueles tan feo!
-Porque de tanto pelear
contra tantos bichos malos
algo siempre se te pega -. Y dichas esta palabras
la atrapó y se la comió, y durmió sin el menor rencor.
No tardó en roncar sin preocupación, al poco
tiempo paso por allí el guardaparques que buscaba
a un tigre que se había escapado del “zoológico” y
al oír los ronquidos dijo:
-¿Cómo puede ser que una
abuelita patriota ronque como un tigre?
– Y al acercarse
más descubrió que era el tigre que se había escapado
del “zoológico”.
Y lo mató de aburrimiento al leerle al oído
ese tratado de sabiduría que es “La Constitución de
la República Bolivariana de Venezuela” y lo obligó
a vomitar a la abuelita y a la niña con vida ¡Qué
felicidad!. El tigre malo fue entregado como desayuno
y almuerzo a las escuelas bolivarianas. El guardaparques
fue condecorado por la Asociación Protectora de Animales
con una medalla de lata; a la Caperucita la ascendieron
a Jefa de la Delegación Juvenil del Polo Patriótico
y a la abuelita le regalaron un carrito popular para
que se tomara unas merecidas vacaciones por toda Venezuela.
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